viernes, 18 de junio de 2010

Capitulo 2

Capitulo 2-Sueños

Saque mi celular del bolsillo y marque el número de mi madre
-Hola Mer, estamos a 3 cuadras de casa vayan volviendo para acá.-
-Bien chau-
-Franco vamos, tenemos que volver-
-Pe-pero ¡¡quiero ver las clases de deportes que hay en ese club!!-
-Estupendo-dije caminando a zancadas hacia delante.
-Gracias, hermanita- Me dijo refunfuñando.
-Tienes mucho tiempo para venir, hazlo cuando venga mama o papa contigo- Se callo, el trayecto hasta casa fue en silencio. Yo estaba hipnotizada con el paisaje, miraba el bosque y mas allá siempre me parecía ver cosas extrañas en el, como perros, caballos, etc., pero eso era por que yo ya estaba loca. Tuve un extraño impulso de ir hacia el, estaba a una cuadra de casa, que mas da era imposible perderme aquí. Le dije a Franco que fuera hacia casa que yo iba en camino. Me adentre en el bosque, que hermoso esto era realmente hermoso. No había caminado más de 10 metros cuando empecé a escuchar ruidos, que surgían de mis espaldas. Gire varias veces pero no había nada, ni siquiera un pájaro, nada. Decidí que debía dejarlo, con lo paranoica que era mi madre ya debía de estar llamando a la policía. Llegue a casa caminando por el bosque mas rápido de lo que pensaba. Cuando entre Alice me abrazo y mi padre se ni se paro del sillón en el que se encontraba sentado, solo se ocupo en echarme una mirada.
-¡Hay! Meredith que susto nos diste- No me iba a dejar salir mas sola si no me inventaba una gran excusa en este mismo instante.
-¿Qué? ¿No te ha llegado mi mensaje?-pregunte haciéndome la tonta.
-No que extraño. Bueno ya no importa lo que importa es que estas bien-
-¿Dónde fuiste? O ¿Qué te quedaste haciendo mer?-
-Nada especial solo camine a casa por el bosque- continué después de comprobar que mi madre no me mataría-Iré a bañarme y después me iré a dormir mañana me espera un largo día.-
-¿Qué no piensas comer?-pregunto Daniel, hay mi padre siempre tan sobre protector.
-No gracias no estoy hambrienta-me retire de la sal y subí las escaleras hasta mi cuarto. Mi cuarto era bastante amplio, llegaba a los dos extremos de la casa. Una de las ventanas daba al patio delantero y la otra daba al majestuoso bosque del patio trasero. Tenía una cama de tres plazas con cortinas azules que hacían juego con el acolchado de segunda mano. Las paredes estaban pintadas de un celeste claro y el pido era de alfombre color azul marino oscuro. Mi cama estaba junto a la ventana que daba al patio trasero, era fascinante mirar ese majestuoso bosque de noche. Tenía un majestuoso armario que había heredado de mi abuela. Nunca fui muy amante de la moda pero debo admitir que me encantaba comprarme ropa nueva cuando podía.
Junto al armario había un perchero y mi nuevo ordenador, era mucho más rápido y efectivo que el anterior. Por ultimo contra la ventana que daba al patio delantero había un sillón doble de color celeste con bordes de madera y una tele vieja enfrente, con un DVD que no se si aun funcionaba.
Camine hasta mi armario elegí un conjunto de short y remera manga corta, yo nunca había tenido un pijama fijo. Cuando tuve todo listo me encerré en el baño. El agua caliente relajo todos mis tensos músculos, que habían quedado entumecidos por la larga cabalgata. Estaba terminando de desenredarme el cabello cuando el agua se empezó a agotar. Me seque, me vestí y salí dando grandes zancadas hasta mi cuarto.
-Buenas noches a todos-Grite desde las escaleras, y baje lo suficiente como para que mi padre y mi madre me vieran con el pelo mojado y el pijama.
-Buenas noches hija que descasen- dijeron los dos al miso tiempo.
-Igualmente-dije mientras subía las escaleras. Cuando llegue a mi habitación, prendí mi anticuado estereo y puse mi música clásica favorita, Yiruma “River flows in you”. Esta abrió mi mente y me puse a pensar en lo ocurrido en el día. Un nuevo colegio, nuevos compañeros y otro año de aburrimiento extremo me esperaban ala despertar. Dabtiendo con migo misma el sueño me domino y caí rendida en mi cama.
Me desperté en un hermoso prado, repleto de flores de todos los colores, y con una hermosa yegua. Tenía jinete. Era un hermoso joven de mi edad que llevaba la camisa blanca abierta. Cabalgaba con una elegancia sobrenatural, que no había visto ni en las exposiciones de caballos más glamorosas.
Cuando se acerco no pude ver bien su cara gracias al sol que se interpuso. Lo único que logre ver con exactitud fueron unos hipnotizadores ojos dorados. Me ofreció la mano para que me uniera a el. Pero en ese instante un chico morocho, igual de hermoso que el joven del caballo, con rulos que le llegaban hasta los hombros, grito:
-¡¡ Meredith aléjate de al ahora mismo!! ¡¡Corre Mer Corre!!-No lo entendía, ¿Quién era ese chico? ¿Cómo savia mi nombre? ¿Por qué me miaba con la cara bañada en horror como si el chico guapo fuera la muerte en persona?
Desde ese momento todo pasó muy rápido:
Primero una ráfaga de aire caliente atravesó mi pelo hasta impactar en la cara del chico.
Segundo el chico que había salido de entre los arbustos del bosque corrió a gran velocidad hacia mí, me tiro fuera del camino del jinete y se agazapo en forma defensiva delante mió.
Al mismo momento los dos soltaron un aterrador gruñido.
-Mer te quiero, y pase lo que pase corre hasta tu casa yo lo detendré. No vuelvas por mi yo iré.- Me apretó contra su costado y le hice caso aun sin conocerlo. Mire por última vez al bello jinete. Pero me percate de que ahora daba miedo, sus ojos estaban bañados de un extraño color carmesí, su cara me miraba como si fuera el único vaso de agua en todo el desierto y por ultimo tenia descubiertos unos perfectos colmillos blancos y puntiagudos.
Se lanzo sobre mi rescatador y pude escuchar como las navajas que tenia por dientas atravesaban su piel.
Emití un grito ahogado, pero ya estaba sentada en mi cama transpirando y jadeando.

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